Diez situaciones de un martes cualquiera.
Las funciones de un programa se entienden mal en abstracto. Estas son las situaciones que ocurren de verdad en una empresa de obra civil con maquinaria, y lo que pasa exactamente en cada una. Elige una a la izquierda.
El parte que hay que firmar donde no hay cobertura.
Son las cinco de la tarde en un desmonte a quince kilómetros del pueblo. El operario termina su jornada con la giratoria y el encargado de obra del cliente está allí, ahora, que es cuando se le puede pillar. El móvil no tiene ni una raya.
Día 1 del mes: facturar lo del mes pasado.
Hay seis obras abiertas, doscientas cincuenta horas de máquina y cuarenta partes firmados. Antes esto eran dos días de Excel y una llamada al jefe de obra para preguntar qué tarifa llevaba la góndola.
“Yo llegué a las siete y media.”
Un operario reclama media hora en su nómina. El encargado dice que llegó más tarde. Antes esto se resolvía por quién insistía más.
Entra una obra el jueves y el lunes hay que estar allí.
Hace falta el CIF del cliente, la dirección exacta, el horario, quién firma los partes, a quién se le manda la factura, a cuántos días paga y qué plataforma de prevención usan. Normalmente eso son cuatro correos y dos llamadas.
Un parte de julio estaba mal, y la nómina de julio ya se pagó.
Es el problema clásico. Si tocas el mes cerrado, descuadras lo que ya has pagado. Si no lo tocas, el trabajador cobra de menos y nadie se acuerda en septiembre.
La giratoria aparece a veinte kilómetros de su obra.
Puede ser un traslado que nadie avisó, un alquiler a otra empresa, o algo peor. Lo que no puede ser es enterarse un mes después.
No dejan entrar a un trabajador en la obra.
La obra exige documentación de coordinación empresarial y el trabajador no aparece como acreditado. Tiene a la máquina parada y a tres personas esperando.
El depósito dice una cosa y las facturas dicen otra.
Entran cuatro mil litros al mes y nadie sabe exactamente dónde acaban. En una empresa con depósito propio, esa partida se escapa sola.
Lunes, siete de la mañana, treinta personas y seis obras.
El reparto del día es lo que decide si mañana los partes salen solos o si hay que reconstruirlos a mano el viernes.
Cuarenta nóminas que hay que entregar y que alguien firme.
La gestoría manda los PDF, y a partir de ahí empieza el trabajo de verdad: repartirlos, perseguir firmas y guardar la prueba de que se entregaron.
¿Cuál de estas diez te suena más?
Cuéntanoslo en la demo y lo vemos con tus obras, tus tarifas y tu forma de trabajar.